Primer paso para sobrevivir en París: sonría

16 Ago

Por Elizabeth/Todo París

Cuando llegas a París de vacaciones o para vivir, te darás cuenta de que todo lo que has escuchado antes sobre la llamada “ciudad luz” es un mero cliché y todo lleno de falsos prejuicios. La verdad asomará por ella misma. Ya verá usted. Y hay que saber que hay tres tipos de París: el París del turista, el París del que viene a vivir por razones personales de cualquier índole y aquel del que viene a estudiar.

Sea feliz en París

Los tres parecerían tan lejanos como ir del cielo al infierno. El París del estudiante es siempre el más cool, el más divertido y también el que permite tener una adaptación más rápida en esta ciudad. Al estar rodeado de compañeros que viven las mismas vicisitudes en el día a día, al intentar todos comenzar de cero y compartir más o menos los mismos intereses (de inicio, la carrera o estudio que veniste a hacer).

No olvide esa regla: sonría

El París del turista encaja plenamente en el cliché de la ciudad que todos vimos en las películas o la imagen romántica y etérea que de ésta se tiene. Sin embargo, no siempre es así. El turista en París siempre se encuentra perdido, buscando, preguntando, intentando hacer de esta ciudad aún un cliché más grande. Hay quienes tienen buenas y malas experiencias.

El turista se siente perdido a la hora de ir a los restaurantes, después de darse cuenta de que los meseros no son los más amables del mundo (y de eso, incluso los parisinos se quejan. Ya dedicaré un post a los meseros parisinos) y de que en calidad de turistas en muchos lugares no son muy bien recibidos. Sin embargo, como diría mi abuelita, hay que encontrarle el modo a París. Sonría.

El París del que viene a vivir por motivos personales es otro, totalmente diferente. Ese no encaja en el turista (porque lo es y no al mismo tiempo), ni en el del estudiante porque para encontrar amigos que tengan sus mismos intereses tiene que comenzar una ardua tarea buscando (y encontrando) lo que ama hacer. Allí encontrará gente cercana, pero de inicio, pocos amigos. Y, sin compañeros de escuela, tiene que comenzar su grupo social desde cero. Desde cero. Esté listo para ello. Sonría.

Oh ! Pero ¡ qué diversión !

Cada uno de esos tres caminos se desarrollará de manera muy diferente. Cada uno con sus ventajas y contras. Sin embargo, con sus cosas buenas y no tanto, vivir en París tiene, claro, su belleza.

Algo que a lo largo de un año viviendo aquí me he dado cuenta que funciona es la sonrisa. En las calles de esta ciudad, ya lo verá usted, los parisinos poco sonríen y raramente lo harán con un desconocido. Harán bromas, sí, muchas, una vez entrados en confianza. Antes no. Pero usted sonría.

La dueña Tunecina de mi restaurante favorito de pizzas, a quien siempre saludo con una gran sonrisa porque me parece una persona muy agradable, me dice: “Es que usted sonríe porque es mexicana. Así son ustedes. Nunca deje de sonreír”. Los encargados de la boulangerie de mi barrio me afirman siempre: “Qué maravilla verla siempre sonriente. Eso ya no se ve. Siga así”. En reuniones con gente desconocida, aquel que sonríe siempre, es bien recibido, incluso frente a aquellos que parecen tener cara de pocos amigos.

Sí, parecería raro, pero una sonrisa que usted regale incluso a los desconocidos le ayudará a extender primeramente el lazo amable y después a no caer en el frenético estrés de una ciudad como ésta. Cualquiera de los París que usted viva aquí, ésa será su herramienta infalible: la escasa y casi rara sonrisa.

Fotos: by Trendland

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: